Piensa, Piensa

Antes de irse a dormir Amanda miró el reloj y se dio cuenta que había pasado la media noche, ya hacía varias semanas le pasaba lo mismo no podía dormirse más temprano como siempre estaba acostumbrada a hacerlo, no sabía por qué la razón de su desvelo, solo dormía cuando a su cuerpo le daba la gana de hacerlo.

En sus sueños estaba Horacio, un hombre que le doblaba la edad pero que a ella le fascinaba, era su profesor de danza, un adonis de ojos verdes y cabello castaño, aparentaba menos edad, cada vez que hacían alguna práctica y él la acercaba hacia su cuerpo ella se estremecía, tal vez él sentía ese estremecimiento porque penetraba sus ojos con la fiereza de querer poseerla en ese instante.   

Amanda abrazaba a su almohada sintiendo que abrazaba el cuerpo de Horacio en un baile estrecho y nocturno donde solo participaban ellos, el deseo y el amor. 

Amaneció con la boca húmeda, se despertó justo cuando Horacio le daba un beso profundo, entonces se dio cuenta que había regresado a la realidad y se sintió frustrada, debía sacar a ese hombre de su mente o debía buscar un acercamiento pronto con él haciendo que esos sueños o esos deseos aterrizaran a una realidad que le excitaba.

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Luego de una extenuante jornada académica, Amanda se despidió de los chicos de la universidad y se dirigió a su clase de danza como de costumbre, tenía en mente abrirle a Horacio su corazón sin importar cual fuera la respuesta de aquel hombre.

Llegó antes de la hora acostumbrada, alli estaba él con su cabello alborotado, vestido de negro, sentado en la mitad de la pista, le sonrió cuando la vio entrar haciendo un gesto de extrañeza con su mirada ya que no era costumbre que ella llegara temprano. 

Amanda se dirigió al baño y se puso su ropa de entrenamiento, una ropa de licra que le dejaba ver su hermosa figura, amarró su cabellera negra en una sola cola y salió a la pista, alli estaba él de espalda cerca al equipo de audio buscando alguna música adecuada para la clase, ella le acarició la mano que estaba sobre el botón de volumen y lo subió, él se quedó fijo en su mirada con la boca entreabierta, ella se le acercó y le cerró la boca con un suave beso, él no puso resistencia, solo la abrazó y acarició su cuerpo al ritmo de la canción Think de Aretha Franklin, ella se sintió segura y valiente para enfrentarse tal vez al rechazo de Horacio, pero no sucedió, él le correspondió feroz, desesperado por aquello que le brindaba Amanda, él quedó seducido, la cargó entre sus brazos y la llevó hacia el vestier de mujeres, allí la recostó sobre la pared y la hizo suya tal como ella lo quería, tal como los dos lo querían.   Ella quedó exhausta, él miró su reloj y miró los ojos de Amanda,  le dió un beso profundo como el del sueño y se volvió a hundir en ella hasta que sació todas sus ganas.   Sudoroso, se puso su ropa de entrenamiento y regresó a la sala, salió a la calle sin decir palabra a Amanda y se fumó un cigarillo, pronto fueron llegando los alumnos a la clase, él estaba listo para una nueva jornada, Amanda también lo estaba.

Desde ese día pudo conciliar su sueño tranquilamente, sus clases terminaron, y ella aún sonríe cuando escucha “Think” de Aretha Franklin.

Por:

MARjorie.

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