Cuando reza… ella miente

Cuando reza, ella miente.   Él la observa desde la puerta de la capilla, solo pasaba camino hacia su casa, antes que la lluvia cayera en medio del memorable gris, que cubría el cielo.

Se detuvo, para verla mentir, debajo de su chal blanco.   Arrodillada al pié de una banca de la capilla.   Él la observa, y sueña despierto, llegando cerca a ella, arrodillándose y abrazándola lenta, delicadamente, hasta que un beso la acaricie.

Él sabe de sus pesares, de sus angustias también.

Hace cinco años la conoció, en un mes de marzo.    Cuando ella caminaba, lejana a él  -eso se mantiene intacto-.

Saca de su bolsillo, una carta que le escribió hace un año, siempre la mantiene arrugada en su bolsillo izquierdo, en espera del momento oportuno para entregarla.    Se llena de valor,  y da unos pasos, pero encuentra un muro invisible, que le impide llegar totalmente hasta donde se encuentra ella, arrodillada.     Toma entonces la carta, y la desliza en la esquina de la banca.    La dejará allí, esperando que ella se percate de la misma.

Se envuelve entre sus miedos, y se va, dejándola quizá para siempre.

A ella, se le escurre una lágrima por la mejilla, que rápidamente la desaparece con su mano.    Mira con asombro, el documento abandonado.     Se sienta, disponiéndose a leer el contenido de la misma.

Imagen tomada de Dreamstime.com

“Con la vehemencia de los valientes.  Te escribo, palabras escuetas, presurosas, como la brisa de aquel abril,  que se descolgaba del cielo, que te cortejaba mientras partías.

Te confieso, fue un abril negro y diáfano, Si, ¡las dos cosas al tiempo!.  Porque una tempestad de sentimientos oscuros y criminales, se posaron junto a mi, hasta que un día decidí darle la vuelta a esa moneda que el destinó jugó por mi.  Decidí, levantar la moneda y cambiar su cara.

Me acostaba cada tarde, en el campo, mirando el cielo, pensando en ti, y pensando en nada.    Haciendo una plegaria cada día,  “rezando y mintiendo… “, algún día mi rezo, será el tuyo -pensé-, y sentiré tu mentira posarse sobre mi, como una plegaria caída del cielo.  Prefieres esconder esa sonrisa, iluminada en tu rostro, cuando estamos juntos, y confinarla, disfrazarla, cuando intentes complacer al amante de turno.

Tal vez una o varias lágrimas recorran tu mejilla, o sentirás el deseo de agradarme con tu voz, o recordar esa sonrisa.   Estaré, donde te dije que estaría, el último día, antes de partir.

Esperaré que se caiga la tarde, y … “rezaré mintiendo… “, para que tus amantes, terminen la tarde decepcionados, esperando por ti, para siempre”.

Ella, secó varías lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.  La tarde, estaba a punto de caer.

Por:  M-Sánchez.

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