El momento oportuno de la despedida

(Imagen tomada de la web)

Poema de la Despedida

Te digo adiós si acaso te quiero todavía

Quizás no he de olvidarte… Pero te digo adiós

No sé si me quisiste… No se si te quería

O tal vez
nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste y apasionado y loco

Me lo sembré en el alma para quererte a tí.

No se si te amé mucho… No se si te amé poco,

Pero si sé que nunca volvere a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo

Y el corazón me dice que no te olvidaré.

Pero al quedarme solo… Sabiendo que te pierdo,

Tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós y acaso con esta despedida

Mi más hermoso sueño muere dentro de mí.

Pero te digo adiós para toda la vida,

Aunque toda la vida siga pensando en tí.

Autor: José Ángel Buesa.

vease más de José Ángel Buesa en:  http://www.los-poetas.com/e/buesa1.htm

…. Parece que todo se confabulaba para recordarte, acabé de leer la poesía de José Angel Buesa, que consciente o inconscientemente  busqué y leí, ¡ será para torturarme ! -pensé-, hasta yo misma no ponía de mi parte para dejar esta tortura.

Pensé en tu sonrisa espontánea, en tu cabello suavizado y acariciado por la brisa, en aquellos meses donde disfrutábamos de las cobijas,  hechas con sombras de árboles, en aquellos besos, que desprendían el corazón en cada sentir tibio de tus labios, en cada abrazo…  eso y más, tal vez hoy no terminaría de escribir recuerdos, tal vez necesitaba secar la humedad en ellos.  No sé en qué instante me quedé dormida,  fueron muchas horas las que pasaron…

Pasaron horas, también los días, que se llevaron montones de hojas, cargados en brazos del viento, pude ser testigo de semejante acto, cada  tarde, o cada mañana, que me sentaba en la terraza, tirada en el piso, con la soledad revoloteando en alguna parte, pero siempre llegaba a mi lado.

Era viernes en el calendario, 12 de agosto, llegaría un viejo amigo que no veía hace mucho tiempo, me contactó por e-mail para vernos,
le dije:  “si, ¿por qué no?”.

Me puse un traje ligero, dejé suelto el cabello, y me puse poco maquillaje.  No preparé nada de comer, solo vi que tenía algo de vino tinto y agua -!que cabeza la mía!-.

El “Fulano”, llegó pasada la media noche, ya cuando pensaba en lo frustrada que había sido la velada, ya mi cabello se había  despeinado con las sabanas, y el traje llevaba arrugas, aún peor, tenía sueño.   Abrí la puerta, luego de muchos  toques, y allí estaba él, con una sonrisa cínica, argumentando que no encontraba el lugar -yo, al menos, no le creí-.   Me abrazó fuertemente, y me dijo: “¡Estás deliciosamente hermosa!”… recordé lo bien que se siente, ese abrazo de deseo.

Ya es tarde, hablamos mañana, te puedes quedar en el sofá -le dije-.

Decoró mi habitación con flores, preparó el café tal como sabe que me gusta, también desayuno, ordenó mis libros, aprovechó la  oportunidad para leer mis atesoradas anotaciones.   Lo  miré desde la cama, con ternura, parecía un bebé encantado con sus  juguetes, tumbado allí en el piso, entretenido con historias sin sentido.     Tal vez sintió que lo observaba y volteó hacia donde estaba.

Ven -le dije-.

Tenía muchos deseos de su compañía, me miró fijamente y me dio un suave beso.   Gracias por sacarme de esta pesadilla -le dije mientras Lo abracé-.

MSanchez.